QUE ES UNA HERNIA DISCAL Y COMO TRATARLA

09.09.2017

Cerca de un 85% de la población mundial sufre o ha sufrido alguna vez dolor de espalda, un síntoma que alerta de diversas afecciones y patologías más o menos incapacitantes. De hecho, el dolor de espalda es actualmente la primera causa de baja laboral en España, un dato que se traduce en la pérdida de cientos de miles de euros cada año y en la merma de la calidad de vida de las personas que sufren este tipo de dolor, que repercute negativamente en su entorno familiar más cercano.

HERNIA DISCAL
HERNIA DISCAL

Hay muchas causas que pueden explicar la aparición del dolor de espalda agudo que, en ocasiones, se convierte en crónico: sobreesfuerzos en el trabajo, lesiones deportivas, presencia de patologías como la espondilitis anquilosante, la fibromialgia y, por supuesto, la hernia discal, un nombre que casi todo el mundo ha escuchado o leído alguna vez, pero del que tenemos poca información clara, rigurosa y fiable. Intentaremos aclarar de una forma sencilla qué es la hernia discal, cuáles son sus síntomas principales, quién es más susceptible de padecer sus síntomas y, por último, qué tratamientos se pueden aplicar para eliminar el problema o, al menos, aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida.

  1. ¿QUÉ ES LA HERNIA DISCAL?

Vamos a empezar por ver qué es y en qué consiste exactamente una hernia discal y qué la diferencia de otras dos patologías que se le parecen bastante y que a menudo confundimos: la protusión vertebral y el pinzamiento de disco.

Una hernia discal es una patología en la que el núcleo pulposo de un disco vertebral se mueve de su sitio, toca y presiona la raíz de un nervio y produce dolor, hormigueo, sensación de debilidad en esa zona, etc. En realidad la hernia discal se podría producir en cualquiera de los discos que tenemos entre las vértebras de nuestra columna, pero casi siempre se ceba en las zonas que sufren mayor desgaste con el paso de los años o que soportan más presión cuando trabajamos, caminamos o hacemos deporte: la zona cervical, dorsal, lumbar y sacra.

Pero para comprender mejor el diagnóstico de los médicos ante cualquier patología en la que esté involucrada la columna vertebral es útil que hablemos un poco de anatomía básica.

  • Columna, vértebras y discos.

Cuando nacemos nuestra columna está formada por 33 vértebras, estas vértebras se agrupan por zonas o regiones que, de arriba hacia abajo, se denominan cervical, dorsal o torácica, lumbar, sacra y coxígea o del coxis. Cada una de estas zonas tiene un número determinado de vértebras que se denominan tomando la inicial de la región en la que se localizan y el número de su posición en la columna empezando por el cuello y terminando en la zona del coxis. De esta forma:

Cervical: 7 vértebras; de la C 1 a la C 7. Permiten la flexión del cuello.

Dorsal o torácica: 12 vértebras; de la T 1 a la T 12. Permiten la articulación de las costillas y ayudan a proteger los órganos vitales que se encuentran dentro de la caja torácica.

Lumbar: 5 vértebras; de la L 1 a la L 5. Soportan la mayor parte del peso de la espalda y permiten la flexión y la rotación del tronco.

Sacra: 5 vértebras; de la S 1 a la S 5. Permiten el movimiento de esa zona y ayudan a distribuir el peso a la cintura pélvica.

Coxígea: 4 vértebras; de la Co 1 a la Co 4. Amortiguan el peso de nuestro cuerpo cuando nos acuclillamos o nos sentamos.

Entre cada una de las vértebras cervicales, dorsales, lumbares y sacras encontramos a los protagonistas de la hernia discal: los 23 discos intervertebrales, esa especie de almohadillas que se distribuyen por nuestra columna y que cumplen distintas funciones: mantienen a las vértebras unidas, ayudan al movimiento, sirven como amortiguador entre dos vértebras para impedir roces, desgastes y daños, etc.

Los discos pueden cumplir su funcionalidad gracias a su diseño: tienen una parte exterior dura llamada anillo fibroso y una parte interior blanda que se denomina tejido o núcleo pulposo, una especie de gel en el que flotan una serie de fibras. En principio, un anillo sano tiene su estructura exterior, su anillo fibroso, intacto. Pero el paso del tiempo, el exceso de movimiento, una enfermedad, un golpe o una repetición de movimientos puede hacer que esa estructura dura se dañe, se desgaste o se rompa y deje salir al exterior el gel que contiene, el tejido pulposo. Ese gel, libre de la sujeción del anillo exterior del disco se desplaza y toca el nervio que encuentra en su camino produciendo el intenso dolor, el hormigueo y el resto de los síntomas que veíamos antes. Ahí tenemos la dolorosa hernia discal.

  • Protusión vertebral y pinzamiento de disco.

Hay dos patologías que se pueden confundir con la hernia discal: la protusión vertebral y el pinzamiento de disco. Ambas afecciones son casi igual de dolorosas que la hernia discal, pero son diferentes tanto desde el punto de vista de la gravedad de la afección, como del tratamiento más adecuado para aliviar sus síntomas.

La protusión vertebral se considera la segunda fase de la aparición de una hernia discal:

Primera fase: fisura de la parte más interior del anillo fibroso que contiene el núcleo pulposo.

Segunda fase: protusión vertebral. El anillo fibroso que contiene el núcleo pulposo aún no ha cedido, no presenta rotura externa, pero sí muestra una deformidad que se aprecia mediante una resonancia magnética y que sirve de alerta para que empecemos a tomar precauciones y evitar, así, que el anillo fibroso ceda y deje salir el gel que contiene en su interior.

Tercera fase: hernia discal.

Otra afección que solemos confundir con la hernia discal es el pinzamiento de disco. En esta afección el disco vertebral se desplaza por alguna razón y toca o presiona la raíz de uno de los nervios espinales. El dolor que sentimos es muy parecido al de la hernia discal ya que en ambos casos está involucrado un nervio que transmite señales de dolor a la mínima alteración, pero tanto el diagnóstico como el tratamiento de ambas patologías es muy diferente

2- ¿POR QUÉ SE PUEDE PRODUCIR UNA HERNIA DISCAL? 

Además de ciertas enfermedades que pueden aumentar la probabilidad de que una persona sufra una hernia discal cervical, lumbar, dorsal y de la zona sacra, existen varias causas que tenemos que tener en cuenta sobre todo a la hora de prevenir la aparición de una hernia discal:

  • La edad.

El tiempo desgasta nuestros huesos, nuestras articulaciones y también nuestros discos intervertebrales. Según vamos cumpliendo años, los anillos fibrosos de los discos que más utilizamos para movernos van sufriendo un desgaste lógico. Las paredes del disco se hacen más frágiles, pierden grosor y resistencia y, así, un mínimo golpe o sobreesfuerzo puede producir una fisura externa que deje escapar el gel que contiene.

  • Los sobreesfuerzos y los movimientos repetitivos.

Hay ciertos profesionales que están más expuestos a sufrir una hernia discal: el personal de almacén y de reparto de mercancías, los profesionales del sector de las mudanzas, los deportistas que levantan pesos o someten su espalda a continuos sobreesfuerzos, los trabajadores de las fábricas que hacen movimientos de torsión, flexión, etc., de forma continua y repetitiva...Un sobreesfuerzo continuado a lo largo del tiempo puede producir un desgaste del anillo fibroso que desemboque en una fisura, una protusión vertebral y, finalmente, una hernia discal.

  • El género.

Se registran más casos diagnosticados de hernia discal entre hombres que entre mujeres y sobre todo en una franja de edad comprendida entre los 30 y los 50 años. Una parte de la comunidad médica apunta a que la razón de esta mayor incidencia de casos de hernia discal entre los varones de mediana edad no se debe a las diferencias físicas entre hombres y mujeres, sino a la mayor presencia de varones en los oficios que exigen levantamiento de cargas, sobreesfuerzos, deportes muy exigentes que someten a la espalda a ciertos movimientos y posturas, etc.

  • La obesidad.

Las personas que sufren de obesidad o de sobrepeso tienen mayor riesgo de padecer hernia discal por un motivo muy lógico: su columna debe aguantar más kilos de peso y, así, la exigencia de las vértebras y discos intervertebrales para ejecutar los movimientos de torsión, flexión, etc., son mayores.

  • El embarazo.

Las mujeres embarazadas tienen más riesgo de padecer una hernia discal, una ciática, una lumbalgia... La razón es doble: por una parte el peso extra con el que cargan durante el periodo de gestación y, por otra el hecho de que este aumento de peso localizado en la zona ventral impide a las embarazadas moverse con naturalidad, lo que hace que adquieran malos hábitos posturales que pueden dañar o afectar a los discos intervertebrales.


3-  ¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS PRINCIPALES DE UNA HERNIA DISCAL?

El dolor es un síntoma común a cualquier hernia discal, pero tanto su intensidad como su capacidad de irradiación a otras zonas dependerá mucho de la zona de la columna donde se localice la lesión, es decir, del tipo de hernia a la que nos enfrentemos: cervical, dorsal, lumbar o sacra.

Dentro de las hernias discales, las más frecuentes se dan en las dos zonas de la columna que soportan más peso o que deben hacer más movimientos repetitivos: la región cervical y el principio de la dorsal y la zona lumbar y las primeras vértebras sacras.

  • Síntomas principales de la hernia discal cervical.

La hernia discal cervical se caracteriza por la presencia de cervicobraquialgia, un intenso dolor en la zona del cuello que a veces viene acompañado de contracturas en los músculos cercanos. El dolor aumenta cuando movemos el cuello, los hombros o los brazos y remite un tanto cuando permanecemos quietos y en reposo. El dolor de la hernia discal cervical suele irradiar hacia una o ambas extremidades superiores y afectar a los hombros, el antebrazo, las manos y los dedos. La hernia discal cervical más frecuente afecta sobre todo a los discos de las vértebras C6-C7, pero también pueden verse afectados otros discos intervertebrales. Los síntomas característicos de la hernia discal cervical en función de los discos intervertebrales afectados son:


  • Síntomas principales de la hernia discal lumbar.

La hernia discal lumbar se caracteriza por la presencia de lumbalgia, un intenso dolor en la zona lumbar que a veces viene acompañado de contracturas en los músculos cercanos. El dolor aumenta cuando flexionamos la columna o permanecemos quietos y de pie y remite un tanto cuando nos tumbamos. El dolor de la hernia discal lumbar suele irradiar hacia una o ambas extremidades y afectar también a la zona de los glúteos, la pelvis y el coxis. La hernia discal lumbar más frecuente afecta a los discos de las vértebras L5-S1, pero también pueden verse afectados otros discos intervertebrales. Veamos los síntomas característicos de la hernia discal lumbar en función de los discos intervertebrales afectados:

Un síntoma común a todas las hernias discales es la presencia de un fuerte e intenso dolor que irradia hacia otras zonas de nuestro cuerpo. Este dolor puede venir acompañado por una sensación de debilidad y una ausencia de respuesta involuntaria de los músculos durante la exploración médica.


 ¿CUÁLES SON LOS TRATAMIENTOS PRINCIPALES DE UNA HERNIA DISCAL?

Sin duda, esta es la respuesta que necesitan las miles de personas afectadas por una hernia discal cervical, dorsal, lumbar o sacra: los tratamientos que se pueden aplicar para eliminar el problema o, al menos, para aliviar sus síntomas principales, sobre todo el dolor.

A la hora de tratar una hernia discal, la mayor parte de los especialistas optan por un tratamiento conservador y no invasivo, es decir: comenzar por un tratamiento suave que combine fármacos, fisioterapia, modificación postural, bloqueo o estimulación nerviosa, etc., y no enviar directamente al quirófano a la persona a la que se le ha diagnosticado una hernia discal. No obstante, si el tratamiento programado no funciona durante un tiempo determinado, el especialista tendrá que optar por intervenir quirúrgicamente. De esta forma, los tratamientos más utilizados para tratar una hernia discal serían los siguientes:

  • Fármacos

Ante un caso de hernia discal, los médicos suelen recetar una combinación de fármacos analgésicos opiáceos, antiinflamatorios no esteroides y relajantes musculares (estos últimos sólo durante los primeros siete o quince días).

  • Ultrasonidos, infiltraciones, bloqueos...

En función de la gravedad de la lesión, el especialista también puede optar por tratamientos complementarios para tratar la zona afectada: ultrasonidos, infiltraciones y bloqueos de anestésicos y corticoides, terapias de calor y frío, tratamientos fisioterapéuticos, etc.

  • Terapia postural

En la mayoría de los casos leves de hernia discal, enseñar a la persona que la sufre a modificar sus hábitos posturales le ayudará a relajar y descomprimir los músculos afectados por la lesión y, así, evitar que la afección progrese o empeore.

  • Cirugía

Si ningún tratamiento funciona, el especialista optará por aconsejar a su paciente que se someta a una intervención quirúrgica que corrija la lesión que origina el dolor, la debilidad muscular, la sensación de hormigueo, etc. Será el especialista el que determine qué tipo de operación debe hacerse: artrodesis vertebral posterior (fusionar quirúrgicamente dos vértebras) micro descompresión o microdiscectomía (extracción de un trocito de la articulación facetaria para dejar más espacio al nervio pinzado y que sane más rápidamente), etc.

  • APITERAPIA
Como alternativa a la cirugía, muchos pacientes encuentran una solución con la apiterapia. Gracias a las propiedades de la apitoxina, los síntomas dolorosos e inflamatorios y la sensación de hormigueo disminuyen hasta casi desaparecer, evitando así el riesgo que supone ir a quirófano. Sus principales beneficios son: 

  • Alivia el dolor y procura una sensación de bienestar gracias a sus propiedades analgésicas y antiinflamatorias. 
  • Ayuda a descontracturar la zona afectada, activa la circulación sanguínea y estimula el flujo linfático. 
  • Ralentiza el desgaste de los discos lumbares gracias al aporte de nutrientes esenciales del polen de abeja. 
  • Devuelve la energía perdida, ya que el paciente se siente más relajado y menos dolorido. Pero, sobre todo, más positivo.  


En definitiva, la hernia discal es una patología muy común en nuestra sociedad, pero se puede tratar y no tiene porqué ser invalidante. Entre las distintas opciones de tratamiento existentes, quizás la más natural, sana y efectiva sea la apiterapia. 

Si quieres más información sobre el uso de la apiterapia para tratar problemas de espalda puedes ponerte en contacto con nostros a través de nuestro formulario de contacto. 

CAJA DE ABEJAS PARA APITERAPIA
CAJA DE ABEJAS PARA APITERAPIA

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA