SÍNDROME ARTRÍTICO DEL APICULTOR

04.09.2017

A mediados del siglo pasado se describieron los primeros casos de una rara patología entre los apicultores. El estudio clínico de dichos episodios puso de manifiesto que siempre aparecían en la época de más trabajo en las colmenas, primavera y verano, y que consistían en una artropatía inflamatoria (artritis), aguda o subaguda, asimétrica y con el compromiso de una o varias articulaciones de las manos. 

ARTRITIS EN MANOS
ARTRITIS EN MANOS

Los síntomas siempre indicaban dolor localizado intenso, hinchazón, calor y enrojecimiento locales, así como un deterioro severo de la función articular con incapacidad para realizar el trabajo

Estos síntomas persistían habitualmente entre una y seis semanas, remitiendo espontáneamente y sin secuelas en la mayoría de los casos, si bien en alguna ocasión evolucionaban como una artropatía crónica localizada, pudiendo provocar anquilosis e invalidez articular permanente. Se le llamó SÍNDROME DEL APICULTOR.

En un principio estos episodios parecen contradecir toda lógica, habida cuenta de que la aplicación subcutánea del veneno de abeja posee efectos muy beneficiosos frente a la artritis reumatoide, logrando desinflamar y calmar la zona afectada de forma notoria. Es más, el desarrollo de la resistencia al veneno en los apicultores es un hecho universalmente admitido. Estos, tras centenares de picaduras, no sufren apenas más que una leve reacción local y eventualmente una laxitud análoga a la de la gripe. ¿A qué se deben, entonces, estos episodios de artritis en manos y muñecas? Todavía no existe una teoría definitiva, pero las investigaciones apuntan en cinco direcciones:

  1. La tarea principal del apicultor es la extracción de la miel de las colmenas, conocida técnicamente como castra, operación que se lleva a cabo desde primavera (primeras mieles monoflorales) hasta inicios del otoño. Durante una jornada de trabajo es normal sufrir varias picaduras, especialmente en las manos y muñecas, pese a llevar guantes protectores. Y es aquí, precisamente, donde los investigadores ponen el foco de atención en primer lugar. Relacionan la aparición de la artritis con la presencia de ciertas bacterias, concretamente las Pseudomonas aeruginosa, en el interior de los guantes, favorecida por el sudor y la falta de higiene de la prenda. Para combatirla recomiendan lavarlos regularmente con agua y vinagre y desinfectar también las manos con una mezcla similar antes de ponérselos. En un principio, como tratamiento farmacológico se indica en muchos casos Omeoprazol y un combinado de Diclofenaco con Ciprofloxacina. Debemos advertir que este tratamiento es totalmente contraproducente, ya que apicultores y usuarios de apiterapia deben evitar el uso del Diclofenaco y de la Ciprofloxacina ya que ocasionan reacciones alérgicas al veneno de abeja. Lo recomendable sería miel y propóleo en uso externo e interno.
  2. Otra explicación, apoyada en el aumento de la incidencia en los últimos años de la patología, sostiene que podría ser debido a la transhumancia y el cambio en las floraciones. Estaría relacionado, pues, con la acción de los insecticidas y pesticidas utilizados en el tratamiento de los cultivos, cuyas floraciones son utilizadas por las abejas, las cuales podrían vehiculizar tales tóxicos desde su veneno hasta las articulaciones de los apicultores mediante las picaduras.
  3. La tercera vía postula un doble efecto en el veneno de abeja: es nociceptivo y antiinflamatorio en condiciones normales, pero tendría un efecto contrario como antiinflamatorio y antinociceptivo en condiciones de inflamación. La apitoxina es una mezcla de proteínas, enzimas, péptidos y aminoácidos que poseen a la vez propiedades inflamatorias (debido a la melitina y la fosfolipasa A-2) y antiinflamatorias, debido a la inhibición de la ciclooxigenasa-2, al bloqueo de las citoquininas proinflamatorias y a la liberación de catecolaminas. Sin embargo la praxis invita a desechar esta teoría ya que pacientes de apiterapia, con ausencia inicial de síntomas inflamatorios y/o dolorosos, no desarrollan nunca cuadros de artritis en articulaciones, según constata la literatura científica y la práctica terapéutica.
  4. Otra posibilidad es que se produzca una sinovitis a cuerpo extraño. Se han descrito diversas sustancias que, al penetrar en la articulación, pueden causar una artritis. En los casos de artritis del apicultor en los cuales se ha realizado biopsia no se ha encontrado reacción a cuerpo extraño, solamente cambios inflamatorios inespecíficos.
  5. Por último, se sospecha que pueda deberse a microtraumatismos de repetición. Se han descrito artropatías debidas a microtraumatismos repetitivos relacionados con actividades laborales o deportivas (por ejemplo el denominado síndrome de Missouri, que afecta a trabajadores manuales de áreas rurales). Sin embargo, no hay ni un solo estudio que llegue a esta conclusión, siendo de momento una mera hipótesis que habrá que investigar.

CONCLUSIONES

De momento la única certeza que existe es que el Síndrome del Apicultor aparece en época de castra, se caracteriza por episodios consistentes en oligoartritis inflamatoria inespecífica y que afecta a las articulaciones de las manos.

También se ha demostrado que el riesgo de aparición es acumulativo en el tiempo, es decir, la posibilidad de sufrir un episodio de artritis en relación con el trabajo apícola aumenta a medida que va aumentando el tiempo de ejercicio en la profesión (estabilizándose a los 18 años de profesión). Los estudios de riesgo de recidiva, sin embargo, muestran como la probabilidad de sufrir un segundo episodio de artritis tras un episodio previo aumenta muy rápidamente y luego se estabiliza (25% a solo dos años de haber padecido la primera afectación).

Por lo tanto, haber sufrido un primer episodio de artritis predispone, de alguna manera, a sufrir otros sucesivos en un corto período de tiempo. Esto sugiere un mecanismo de sensibilización.

Para terminar, decir que no hay un tratamiento específico, habiéndose empleado antiinflamatorios no esteroideos tópicos y sistémicos, antihistamínicos, antibióticos y corticoides, pero con resultado incierto.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA